domingo, febrero 27, 2011
Las etapas: los de 40.
domingo, febrero 13, 2011
Querido troll...
martes, enero 11, 2011
Cómo salir de un amante
domingo, septiembre 19, 2010
Sobre el hecho de llamarse Cristina Vélez

martes, septiembre 07, 2010
La hija de Gaitán y los hijos de puta
viernes, junio 18, 2010
Competitividad y Fútbol
No se sorprendan si sus pollas salieron mal, en el fútbol se ve de todo.Fuentes: Índice Global de Competitividad 2009, Foro Económico Mundial. Fifa, Ranking a mayo de 2010.
sábado, mayo 08, 2010
Sobre Mockus y el neoliberalismo
"Eso es lo que me gusta de Mockus. Lo prefiero a los asesores económicos de Santos--los principales defensores de la eliminación de los parafiscales, tema con el que también estoy de acuerdo--descolgando los estudios que habían hecho sobre los beneficios de trasladar esa sobretasa al empleo al IVA o a la renta, de la página de los Fedesarrollos y demás. También prefiero a alguien que quiera atacar la informalidad, en lugar de seguir alimentándola porque la salud gratis y los subsidios traen votos. Estoy de acuerdo, Mockus es neoliberal, pero eso es precisamente lo que me encanta."
Después de haberla publicado y de un comentario de El Juglar del Zipa en el que calificaba mi comentario de “encantador”, con todo el sarcasmo que lo caracteriza, me di cuenta de que había sido un poco facha y que estaba dándole la razón a la entrada anterior del blog de Vélez, en el que decía que los seguidores de Mockus se parecían muchísimo a los del Tercer Reich. Por eso, decidí usar este espacio para aclararlo, por lo menos en mi conciencia.
Yo sí soy neoliberal. Tan horrible como suene, soy de las que todavía creo que en el mercado, en un aparato estatal pequeño y aunque suelo ser más pro regulación que un economista "freshwater" (remitirse a este artículo de Krugman para los que no saben de qué estoy hablando), me desespera el uso irresponsable de los recursos públicos en aras de mantener los votos. Y sobre estaba hablando de dos cosas específicas.
Primero, creo que Colombia tiene un sistema de salud que funciona relativamente bien. Y si bien estoy consciente de que no es perfecto porque he sido víctima de primera mano de su ineficiencia, sé que está muy bien en comparación con los de otras partes del mundo y que a la larga, en el 98% de los casos, lo terminan tratando a uno. Así mismo, teóricamente, el sistema de contribuyentes/subsidiados tiene sentido. Sin embargo, está claro la cosa no ha funcionado como se pensó inicialmente, y el número de afiliados al régimen subsidiado desborda al número de afiliados al régimen contributivo.
Creo firmemente en que la salud debe ser un servicio universal y público. Aunque no siempre lo preste el Estado, éste debe regularlo y definir un sistema para que todos tengan acceso, incluyendo los que no pueden pagarlo. Sin embargo, esto no significa que sea gratis. El servicio hay que pagarlo de una forma u otra, bien sea a través de IVA, impuesto a la renta, o las contribuciones a la Seguridad Social de los colombianos. Los que pueden pagar tienen que hacerlo. Ya hay mecanismos para que los que tienen salarios variables y ganan menos del mínimo coticen por debajo, pero el problema es que hay que publicarlos y fomentarlos para que la gente lo haga, vea los beneficios de hacerlo y entienda que si no lo hace, el sistema se quiebra.
Segundo, Colombia cuenta con uno de los sistemas de focalización mejor jalados del mundo: el Sisbén. La base de datos del Sisbén tiene información detallada sobre la población más pobre y vulnerable del país para que los programas sociales del Estado sepan en dónde y a quiénes deben otorgarles sus servicios (léase subsidios, asistencia, o lo que sea). Sin embargo, muy pocas entidades utilizan el Sisbén como debe ser, a pesar de que les facilitaría el trabajo. Algunas por pereza y otras por estrategia, prefieren mantener algunos colados en sus listas para no asumir el costo político.
Yo creo que los subsidios y los programas de asistencia son clave para superar la pobreza extrema. De hecho, un estudio liderado por uno de los economistas jóvenes más brillantes que conozco, Roberto Angulo, muestra que el índice de pobreza de Colombia sería un poco más de 14 puntos más alto del actual si no fuera por los programas sociales existentes. Sin embargo, creo que una cosa es otorgar subsidios a las familias en pobreza extrema o en situación de vulnerabilidad y otra es que se le vaya la mano al Gobierno en la "generosidad".
Finalmente, sobre los parafiscales tengo otras dos cosas que decir. Primero, la mayoría de los parafiscales que se pagan en Colombia no se van a la financiación directa de los programas del ICBF y del SENA. La plata recaudada es mucho mayor a lo que están en capacidad de gastarse estas entidades, y el restante termina en TES. Esto es bueno para la política macroeconómica del país, pero malo para los argumentos pro parafiscales. Segundo, aunque todavía no estoy segura de si se deben o no eliminar los parafiscales ya que los argumentos de parte y parte todavía no me han terminado de convencer, sé que el defensor número uno de su eliminación hasta hace unos meses fue Mauricio Santamaría, otro economista brillante que ejerce como Director Adjunto de Fedesarrollo y ahora como asesor económico de la campaña de Juan Manuel Santos. Supongo que ahora que este tema es uno de los caballitos de batalla de la campaña de Santos en contra de Mockus, le habrá tocado a Santamaría desaparecer sus estudios, presentaciones, artículos y comentarios sobre el tema y conseguirse un esferito como el de Men In Black para borrarle la memoria a la gente. Afortunadamente a la mía no han llegado.
Finalmente, y volviendo al tema inicial, a pesar de que Luis Guillermo Vélez me gusta por provocador y pragmático, su entrada me despelucó. El Juglar del Zipa no hubiera podido describir mi mal genio mejor diciendo algo como "claro como los seguidores de Mockus son mamertos y no entienden, no saben que es neoliberal". Si bien sé que Vélez nunca me va a leer, me gustaría decirle que muchos de los que vamos a votar por Mockus, o por lo menos yo, no somos mamertos, sabemos que Mockus no es mamerto y sobre todo, no somos idiotas. Además, quisiera que también supiera que tampoco es la primera vez que vamos a votar por él.
PD. Lo que me terminó de despelucar es ver que la metáfora del pastor báltico no se le había ocurrido a Vélez solito sino que lo sacó de The Economist y no le dio crédito.
martes, marzo 23, 2010
Fertilidad, salud sexual y el siglo XXI
Ambos somos profesionales, tenemos maestrías, ingresos estables, familias que nos apoyan, un proyecto de vida compartido, una niñera de miedo y a pesar de que la gente suele considerarnos como “buenos papás” la cruda verdad es que estamos absolutamente engalletados la mitad del tiempo. Las preocupaciones sobre la paternidad/maternidad solo se han complicado con el tiempo. Ya sabemos qué hacer cuando la niña tiene mocos, no hay necesidad de llamar a la pediatra, pero estamos en la etapa en que hay que comenzar a implementar disciplina en serio y los dos nos morimos del susto. Adoptamos el sistema “time out” que bautizamos como “tacho” porque los dos le tenemos fobia al spanglish excesivo, un poco por una postura más snob de los que salpican el español con inglés mal pronunciado (con ese comentario ya no tengo que explicar porque se trata de una postura extra snob.)
Tener un hijo es un camello. Es una maravilla, pero un camello.
Además, parafraseando las sabias palabras de mi mamá, en la vida todo se puede echara para atrás (ella diría: “Se puede voltear un camión lleno de huevos, no me voy a voltear yo que tengo dos”) excepto tener un hijo. Además de que apenas nacen uno entra directamente al mundo de los “papás” sin solución de continuidad y le cambia un chip en el cerebro que se acuerda de los domingos sin hacer nada y de las rumbas hasta que cantaran los pajaritos con nostalgia, lo más absoluto es que niños no se pueden devolver.
Hoy me enteré de unas cifras de salud pública que me dejaron absolutamente aterrada y me pusieron a pensar sobre la maternidad. Provenían de una experta salubristas. Si yo, que tengo la infraestructura supuestamente ideal para tener un bebé y soy considerada “fresca” por la gente a mi alrededor, me complico la vida, ¿qué pasa con las madres solteras de 15 años en la quinta loma de Ciudad Bolívar?
Según Profamilia, en 2008 hubo alrededor de 400,000 abortos ilegales en Colombia, mientras los casos de abortos avalados por la decisión de la corte, no llegaron a 10.
Así mismo, mientras ha habido una disminución importante en la fertilidad de las mujeres colombianas mayores de 18, acercándose a las tasas de los países europeos, la fertilidad de mujeres menores de 18 se ha triplicado en los últimos 15 años. Es decir, si una mujer llega a los 18 sin tener hijos, lo más probable es que cuando los vaya a tener, sea fruto de una decisión responsable y pensada. Si en cambio tienen un hijo antes de esa edad, entran en la peor trampa de pobreza que además afecta de peor manera a las mujeres. (Nota: mi fuente tenía cuatro whiskys encima, pero estoy segura de que los datos son bastante certeros, la desviación etílica no debe ser muy significativa).
En los cuatro años que llevo trabajando en temas de política pública, no he visto ni un Conpes sobre el tema: ¿Dónde hemos fallado? ¿Por qué ayudar a que las mujeres decidan de forma responsable sobre su fertilidad no es una prioridad?
Todavía existe esa angustia de Guerra Fría de que hablar de salud sexual es hablar de implementar métodos anticonceptivos a la fuerza a la población más pobre sin ni siquiera preguntarle o de meterse en un lío religioso de la Madonna.
Sin embargo, le tengo fe al siglo XXI y creo firmemente de que no sólo estamos listos para abordar el tema con seriedad, si no que es la hora de hacerlo. Si una mamá estrato 6 con todos los juguetes a veces se siente desprotegida (especialmente a la hora de balancear trabajo-familia) que pasa con una niña de Sisbén 1?
No se me ocurre ninguna solución en el momento, pero claramente es un problema que hay que atender. Con urgencia.
viernes, febrero 19, 2010
Angustia política: jóvenes, debates y delirios
La política me genera un ambivalencia terrible. Me atrae, pero la detesto. Me gusta, pero me repele. Me da angustia y me da risa. Me parece bonita y me parece un adefesio. Todo al tiempo o por pedazos dependiendo del día.
Estas elecciones, por ejemplo, decidí coleccionar los volantes que me dan en la calle. Bajo el riesgo de que me boten por hacer proselitismo político, tengo el panfleto de José Galat en mi escritorio. Me encanta porque parece sacado de Popular de Lujo y de un manual para señoritas del siglo XIX, como éste. Tengo muchos otros, del Mira, de Mapi Velasco, de Clara Rojas, de Roy Barreras, de un par de goditos y de otros del Polo. Me falta del de Nerú, el de Aura Cristina y me muero por tener uno de Piedad. Los voy a poner en un álbum para la posteridad. Incluso, cargo unos de Isabel Londoño en mi maleta para entregarle a las personas que no saben por quién votar a la Cámara (eso sí es en serio, en verdad me encantan sus propuestas y lo confieso, soy feminista y de las mamonas).
En Twitter estoy siguiendo a algunos candidatos y me han bombardeado por Facebook los candidatos jóvenes.
No me he perdido ni un debate y de hecho, ayudé a construir el fondo de un debate con candidatos a la Cámara sobre regalías en Votebien. Así mismo, he seguido LaSillaVacía religiosamente, y los blogs sobre el tema con aún más fervor. Y por supuesto, ayer estuve pegada a la pantalla de mi computador viendo el debate de los candidatos jóvenes al Congreso.
Ahora sí entrando en materia, este debate alimentó tanto mi angustia electoral, que quería compartir mis impresiones. Advierto desde antes, que como todo en la vida, son tendenciosas y sesgadas. Por eso precisamente son MIS impresiones.
Había cinco candidatos. Dos liberales, Camilo de Guzmán y Simón Gaviria; uno de la U, Jorge Enrique Gómez; una de Cambio Radical, Lina Valenzuela y uno de Movimiento Social Indígena que estaba representando a Fajardo que no me acuerdo cómo se llama.
Por lo general, los candidatos jóvenes gustan porque son sinónimo de pureza e inocencia, como una especie de ninfas impúberes, cuando hay varios candidatos que a unos tiernos 25 años ya han cambiado de partido un par de veces, participado en torcidos, comprado líderes, etc. Sin embargo, éstos parecen ser de los "buenos".
Hubo tres cosas que me llamaron la atención del debate.
Uno, cuatro de los cinco candidatos, es decir, los cuatro de los que me acuerdo el nombre, son de colegios bilingües de élite de Bogotá. Sin que eso sea algo determinante, sí me pareció interesante que todos hayan (hayamos) jugado juntos partidos en la Uncoli. Y no de cualquier miembro de la Uncoli, sino de la crema de la crema de la Uncoli. Vaya diversidad.
Dos, las mujeres estábamos subrepresentadas y no sólo en número sino en calidad. Lina tiene las mejores intenciones, pero no tenía ni idea de lo que estaba haciendo: ¿Incentivos tributarios para las madres cabeza de familia? ¿Qué es eso? Si todas las madres solteras declararan renta, no habría ningún problema social: ellas estarían mandando en el Congreso desde hace rato.
Tres, la preparación se notan. Al margen de la edad (los candidatos oscilaban entre los 27 y los 34), a los que mejor le fue fue a los mejor preparados y no solo por la cancha sino por el tiempo que le dedicaron a armar su discurso. Lo primero que tiene que hacer un candidato es aprenderse un discurso de un minuto explicando porqué la gente tiene que votar por él o ella. Eso lo enseñan en Política 101 y se llama el discurso del ascensor.
Camilo de Guzmán fue el rey en este aspecto. 59 segundos y lo había dicho todo. Claro, contundente y convincente. Simón Gaviria se concentró en lo que ya había logrado. Muy bien, se nota que tiene cancha. El de la U casi se muere de un paro cardiaco de la emoción. No entendí nada porque estaba preocupada porque se iba a caer de la silla. Lina Valenzuela usó solo 15 segundos y dijo poco dejando mucho que desear: "Voy a apoyar a las madres solteras porque necesitan mucho apoyo."
La cereza del helado fue candidato del MSI que en un minuto no solo logró que se me olvidara su nombre para siempre sino que le hizo perder varios votos a Fajardo, comenzando por el mío. "Yo no estoy en un movimiento político ni en un partido, estoy en un proyecto personal en torno al doctor Sergio Fajardo. Él es el que va a recobrar la moral, la ética y la seguridad urbana y la confianza." Dijo además que le había parecido excelente conocer otros jóvenes candidatos y que le habían hecho pensar en que los partidos no eran tan malos después de todo, aunque su proyecto era apoyar a Fajardo.
Quedé en pánico. ¿Cómo así que se trata de un proyecto "personal"? ¿Qué pasa con las instituciones? ¿No han visto lo que pasa con los proyectos en torno a una persona? ¿Será que son los únicos que necesitan cuatro años más para saber que lo que le hace falta a este país son instituciones y partidos sólidos y no un Mesías? No sé si Fajardo sea efectivamente un Uribe de blue jeans pero sus áulicos definitivamente lo ven de esa forma.
La conclusión final es que seguiré buscándole el lado amable a las campañas, seguiré tomando gotas de pasiflora del Dr. Bach para sobrevivir estos meses y que en la política, definitivamente los prefiero mayorcitos, aunque me encantaría volver a ver a Gaviria en la Cámara y ver a de Guzmán estrenándose.
viernes, enero 22, 2010
El Hogar Otto
lunes, enero 18, 2010
Zanahorias disfrazadas de garrotes
En parte, porque me da risa que tengan que correr un modelo econométrico complejísimo para llegar a las mismas conclusiones a las que llegaría un científico social basado en cualquier sociólogo clásico. Incluso, a las que llegarían cinco señoras en sus sesiones de costurero de los martes basado en los consejos de sus madres, de los que le dan a sus hijas y salpicados por el último libro que encontraron en la caja del supermercado.
Y en parte, porque me sorprende que estos complejos modelos prueben esas sencillas observaciones empíricas sobre el comportamiento humano.
Por eso, quería compartir este artículo de The Economist sobre un estudio realizado por economistas de renombre en una fábrica china. Aparentemente, a la hora de motivar a los trabajadores, sirven más las zanahorias disfrazadas de garrote, que las zanahorias solas. La idea de perder algo que ya se tiene genera compromisos más poderosos que la de ganar algo adicional. Este principio es bastante relevante para nuestro día a día a la hora de reprimir, motivar, convencer o vender. Incluso se aplica a las campañas políticas, un tip para los que andan encampañados...¿qué están ofreciendo que puedan disfrazar de garrote?
Por mi parte, en mi tarea de madre y responsable de la educación de A.ita, prefiero ser de las ingenuas confiadas que dañan todos los experimentos de teoría de juegos. Yo ilusamente voto siempre por el bien común y me quedo con la mitad de la nota, pero espero que mi hija haga lo mismo. Mis observaciones empíricas me han demostrado que sumando los restos que me quedan de haber tomado decisiones ingenuas pero orientadas al bien común, tengo más en tranquilidad y serenidad (perdonarán la nota cursi) que los que optan por el camino fácil y egoísta. No estoy diciendo que mi motivación para hacerlo sea altruista. Lejos de eso, se trata de algo bastante egoísta. Bourdieu diría que esa es mi forma de buscar reconocimiento de los demás y reforzar mi existencia. A la larga, me la estoy jugando por mi propio bienestar.
Habrá que correr un modelo para ver si eso también se puede probar con números.
jueves, enero 14, 2010
Otra reflexión sobre Haití
Los mismos 100 dólares de Habitat for Humanity en medicamentos para el dolor que uno compró, cargó, llevó y envió, parecen tener más sentido.
Les recomiendo este blog sobre el tema: http://blog.ted.com/2010/01/the_haiti_trage.php
Dicen con claridad cuáles son las cosas que se necesitan realmente. ¿Alguién tiene un helicóptero que les sobre para prestar?
Está página también es clave: http://Haiti.Ushahidi.com/
Alguién tiene que decirle al Presidente que según los expertos lo único que NO se necesita en Haiti en este momento es gente que no sea socorrista, profesional de la salud, o que pueda ayudar de verdad. Que por favor se quede en Colombia.
miércoles, enero 13, 2010
Haiti e Ian McEwan
Sin embargo, tengo que hacer una confesión que hacer: no he sido capaz de donar a las organizaciones que están pidiendo recursos para atender la situación. Habitat for Humanity tiene una página en la que uno puede donar en 10 minutos. Sin embargo, la parte de “Amount in dollars” me paraliza. ¿Cuánto puedo donar? ¿100 dólares? ¿200 dólares? ¿20 dólares? ¿Y las fundaciones colombianas? ¿No debería donar algo más bien para los de acá, así estén menos peor? ¿Y la cuenta del agua, el colegio de A., los zapatas que vi en descuento? Es un conflicto moral como el de los personajes de Ian McEwan: “Estoy preocupada, pero no hago nada. Al fin y al cabo yo estoy viva y los míos están bien. Debería hacer algo, pero al fin y al cabo mi plata no aporta tanto, no puedo donar mucho y además seguro se lo robarán. Pero que situación tan horrible. Y las caras de desesperación de esa gente.” El botón de “Donate now” saca la pequeña mezquina que hay en mí.
Uno podría buscar una explicación racional basada en las historias de horror sobre la corrupción en organizaciones sin ánimo de lucro y humanitarias. Y con el hecho de que a veces me caen mal las personas con actitud “holier than thou” que trabajan en los Peace Corps, o son Médicos sin Fronteras.
Sin embargo, esta mañana compré dos tiquetes para ir a Cartagena en línea y no debe ser tan difícil poner los números de la tarjeta de crédito y espichar “submit” para Habitat for Humanity (tienen cara de ser los más serios). ¿100 dólares será suficiente para amortiguar mi complejo de culpa y luchar contra el personaje de McEwan que tengo adentro?
miércoles, agosto 19, 2009
Refrescante: el papá de los blogs
Según mi hermano P., que ha visto a Krugman en varias conferencias, es mucho mejor leerlo que oirlo. Yo no pude llegar a la conferencia que dio esta mañana en el Tequendama--a pesar de tener escarapela, invitación y ganas--así que no podría confirmar su afirmación, pero puedo asegurar que es uno de los mejores blogs que he leído (aquí lo tacharía como tacha él) y pondría al lado: el mejor. Al lado del de Gladwell.
Gente inteligente con sentido del humor. Refrescante.
lunes, agosto 17, 2009
De obviedades
Ahora, cuando la vara está puesta un poco más alta, y se espera que escriba cosas relativamente interesantes, no tengo nada que decir. Mi vida está copada minuto a minuto por una y otra obligación y no he tenido tiempo de respirar. Tengo contabilizado el tiempo que puedo perder. A duras penas he escrito un par de ideas en un libreta roja que cargo en la cartera. La libreta es más bonita que útil: roja, marca moleskine que me trajo A. de un viaje de trabajo.
Para seguir añadiendo a la lista de quejas, las iniciales-que pretendían mantener el anonimato de las personas sobre las que escribía tienen poco sentido. A. es A. y la nueva A., pues la nueva A. De ahí en adelante todos tienen nombre y apellido. Y hasta contexto. Horrible.
A., el primero, está viendo una de esas películas gringas en las que dicen fuck, fucking y todas las posibles conjugaciones de to fuck por lo menos diez veces por minuto. El protagonista es el novio de Juno, de Juno, pero eso no salva la peli de las obviedades. Todo indica que al final el nerd se come a la mona. La nueva A. se durmió hace poco después de haber estado absolutamente insoportable todo el día. Desde las seis de la mañana. Parece que son los dientes. Y yo, estoy tratando de trabajar—lunes festivo por la noche—porque estoy atrasadísima en todas las cosas que tengo que hacer. En medio de mi cansancio delirioso lo único que se me ocurre es que voy a terminar como una de esas mamás de película gringa en la que sale un psicólogo como Dr. Phil que parecen las reinas del suburbio pero toman vodka en vez de agua embotellada y se roban la ritalina de sus hijos.
Por ahora, voy a tomarme otro café a ver que pasa. Mañana será otro día, a la expectativa de que hoy acabe temprano.
jueves, julio 02, 2009
...y así se ve el mundo en Guainía según J, el jefe (3)
Pero allí estábamos tratando de apropiarnos de un mundo que nunca nos pertenecerá por mas competitividad que se le meta."
miércoles, julio 01, 2009
Así se ve el mundo en Guainía (2)
Hace unas semanas estuve en Puerto Inirida en tal vez la empresa más absurda que he emprendido en mi vida: la instalación de la Comisión Regional de Competitividad de Guainía, la última que faltaba para completar todos los departamentos. 32 monas en el álbum.
Le dedicamos mucho tiempo a planear una presentación que fuera relevante para la situación del departamento. Sabíamos que hablar de un documento Conpes de Competitividad, de sectores de clase mundial e incluso de formalización, no tenía ningún sentido. Decidimos hablar del desarrollo empresarial responsable, de la importancia de aprovechar las condiciones particulares del departamento, de proteger el ambiente y ofrecerles nuestro apoyo incondicional para elaborar planes de negocio atractivos para inversionistas. Con proyecciones, p y g y todo el cuento. Hasta estudios de mercado. La presentación, por supuesto, la hicimos en Power Point.
Como los vuelos a Puerto Inírida salen cada tres días, tuvimos que viajar el domingo a primera hora para poder ir a la instalación el martes. Además, le habíamos dedicado mucho tiempo a pensar en cómo participan los indígenas de esta historia y sentíamos que habíamos hecho un buen trabajo.
Sin embargo, en los días antes de la instalación, en los que tuvimos la oportunidad de navegar por los ríos de la estrella fluvial de Humboldt, visitar los caseríos ribereños, pasar la frontera con Venezuela, quedarnos en El Remanso con una comunidad puinave y conocer los cerros de Mavecure, nos fuimos dando cuenta de lo equivocada que era la ilusión de pertinencia de nuestra presentación.
Primer alerta: Llegamos a Puerto Indírida y nos estaba esperando una chalupa en el puerto sobre el río. El puerto, que fue el primer tropiezo con la realidad, tenía espacio para que atracaran dos embarcaciones. Las embarcaciones, que podían ser voladoras o chalupas, dependiendo del tamaño del motor, eran cascaron de lancha con un techo hechizo y dos motores. Las más bonitas, que usaban los indígenas (90% de la población, segunda alerta), eran de grandes troncos de ceiba talladas.
Nuestro guía, era el dueño del hotel, secretario de la próxima a instalarse Comisión, amigo del gobernador, visionario del turismo en el departamento y el ingeniero más prestante de Inírida. Todo a la vez (tercera alerta). Como era de esperarse era de Bogotá, blanco, y había llegado al Guainía un poco por descarte y un poco por seguir los pasos soñadores de sus padres que se habían instalada allí hace mucho tiempo. En la tienda de su hotel, vendían chocolates americanos, cervezas, gaseosas y revistas de actualidad (con dos meses de atraso, pero Cosmopolitan, Soho, Playboy y Maxim’s de todas formas). En la de enfrente, vendían frutas, hamburguesas y perros. Sin embargo, en la mayoría de las tiendas, a pesar de su vivacidad, se conseguían productos de tercera con etiquetas similares a las de los productos de marca. Yo compré shampoo de manzanilla Jennyjol & Jennyjol y rinse Suedal, hechos en Neiva.
Al final del primer día de nuestro espectacular viaje, que incluyó una parada en Venezuela a tomar cerveza Polar, la original pola, y un chapuzón en el río Atabapo antes de su desembocadura en el río Guaviare, llegamos a El Remanso, sobre el río Inírida. Mi jefe, J., que había trabajado a finales de los 80’s en un programa de saneamiento básico con las comunidades indígenas del Putumayo y Vaupés, tenía una idea romántica de lo que iba a ser nuestra noche con los puinaves. Él estaba soñando con una noche veinteañera en una maloka, condimentada con mambecito, el cigarrillo húmedo que todavía le quedaba en el fondo morral y con las historias del capitán (recuerdos bastante fuera de lugar para un graduado de MBA, ex consultor y experto en competitividad).
Cuando llegamos, la comunidad estaba preparándose para un encuentro evangélico en Puerto Inírida al que iban a asistir todos las comunidades indígenas del Inírida, del Guaviare y del Atabapo. Tenían conectada la planta eléctrica porque unas niñas estaban ensayando la canción, que parecía sacada del CD de la Tigresa del Oriente, que iban a presentar en el encuentro. Todo esto se hacía en la capilla, centro de reunión de la comunidad, que queda justo al lado de la sala de computadores. Doña Gloria, la señora que limpiaba la escuela, no nos quiso vender una piña a pesar de que le rogamos por horas. ¿De qué servían 15,000 pesos si se quedaban sin provisiones para el viaje al encuentro? (quinta alerta)
El segundo día fue absolutamente idílico. Sustuvimos conversaciones de pseudointelectuales blancos con ínfulas de exploradores durante la caminata a la punta del cerro y todo fue exactamente lo que nos estábamos esperando. Vi un par de orquídeas que no conocía, recogí semillas de un sietecueros blanco y de uno amarillo para mi amigo E. y nos bañamos otra vez en el río en una playita que no tenía nada que envidiarle a Aruba.
En el tercer día vivimos la sumatoria de las cinco alertas sentadas en un quiosco a las afueras de la gobernación. Llegamos con nuestra memoria USB a la reunión, con el portátil cargado, listos para preparar la presentación que haría J. Primera sorpresa, no había video beam. Comenzamos a hablar y segunda sorpresa, el único empresario presente era nuestro guía que estaba representando al sector turístico, a la construcción y al comercio, todo en uno. Tercera sorpresa, el Gobernador, un señor absolutamente adorado, estaba totalmente enredado con líos políticos, investigado hasta las orejas y con un apoyo limitado debido a la polarización partidista. Cuarta sorpresa, la reunión duró más de tres horas y las quejas de la comunidad sumaron una lista interminable de agrabios.
El resultado: nuestra presentación interactiva y aparentemente aterrizada a la realidad del departamento quedó guardada en algún archivo cibernético en los servidores del Estado, ya que era la prueba del trabajo que habíamos ido ir a hacer a esas lejanas tierras y, nuestro discurso, “Colombia será un país de ingresos medios altos en el 2032 gracias a la promoción de la competitividad” se hizo añicos ante la realidad de un olvidado departamento del sureste colombiano, donde según afirmó uno de los asistentes a la instalación, “no hay ni contrabando.”
Lo más sorprendente es que todo nos haya sorprendido.
Así se ve el mundo en Guainía (1)
miércoles, junio 17, 2009
La vida contabilizada
Una de mis amigas más cercanas, D, me acusó hace poco de ser una “overachiever” (no encontré ninguna traducción aceptable en español y por eso se fue en inglés). A pesar de que lo dijo con mucho cariño, y de que claramente no era una acusación sino un piropo extraño, no se dio cuenta de la angustia que me generó este comentario. Lo único que me provocó fue salir corriendo a otro país que quedara tan lejos que lo que yo había hecho en la vida y lo que había dejado de hacer no significara nada.
Contabilicé 1909 cosas relevantes en mi vida: 27 años, 172 centímetros de estatura, 1 amor, 4 años de matrimonio, 1 hija de 9 meses, 1 carrera, 1 maestría, 1 tesis guardada en un cajón con 136 páginas (incluyendo anexos), 1 artículo publicado en 1 libro del que salieron 800 ejemplares (que no leerá nadie), 5 kilos de peso que quisiera perder, 12 sueldos al año, 5 años de experiencia profesional, 15 matas de orquídeas en 1 balcón, 1 blog con 53 entradas y casi 4 años al aire, 20 árboles sembrados, 17 cicatrices que se ven, 5 libros en mi mesa de noche que no he terminado, 2 hermanos, 3 cuñados, 21 primos, 1 puerta roja, 13 pares de zapatos en el closet, más o menos 7 amigos del alma, unos 40 cercanos y 482 contactos en Facebook, sólo 45 en Asmallworld.
De ese total tengo que restar por supuesto el tiempo en que pienso en las cosas que no hice, 732 horas; en el que me arrepiento de las cosas que hice, 67 horas; los kilómetros que me faltan por recorrer 1,000,000; las luchas que tendré que dar, las canas que me faltan por salir, lo que no ha salido bien y las 10,999 cosas que no se me han ocurrido más las 10 billones que nunca se me ocurrirán, para un saldo evidentemente negativo.
La conclusión de este estúpido listado, que parece un poema de agenda—y de los malos—es que cada vida se mide desde su propia perspectiva. No significa nada. Probablemente, la acusación de D venía más de sus propias angustias que de la percepción real sobre mi vida. Lo único que tendría que decirle es que dentro de mis cuentas están las miles de veces en las que pensé que tal vez debí hacer las cosas de otra manera y el terror de estar perdiendo el tiempo en cosas que realmente no importan.


