domingo, febrero 27, 2011

Boguey tamaño natural para @mazo

Las etapas: los de 40.

Caso 1: Mi amigo J tiene dos hijos con su mujer. No se han casado, pero llevan más de siete años juntos. De vez en cuando, a ella le da angustia cósmica y le pregunta, a esta altura del paseo, que él y ella qué vienen siendo. Él le responde que son papás con su mejor cara de "por favor deje de joder". Desesperado, dice que cada vez ve a su mujer más gorda, más dejada y más mamona. Ella le hace tremendos shows de celos cuando va a salir solo y en respuesta, él sale solo cada vez más. Evidentemente, no están pasando por su mejor momento.
Caso 2: Mi amigo N, médico internista, está casado hace un buen tiempo. Se casó en una ceremonia religiosa oficiado por un monseñor y toda la cosa. Tiene dos hijos y su señora está esperando mellizos. Se están matando. En las últimas semanas el número de emergencias nocturnas que ha tenido que atender ha aumentado exponencialmente. Cada vez son más. Está volviendo a hacer turnos. Las posibilidades de quedarse en la casa se volvió aterradora. Prefiere una madrugada en el Hospital Santafé. Puede que las escapadas médicas nocturnas sean "turnos" o turnos de verdad--quien sabe--pero el hecho de que esté tratando de pasar cada vez menos tiempo es la evidencia de que tampoco están pasando por su mejor momento.

Como estas dos historias tengo muchísimas más en el repertorio. También tengo la versión de sus parejas, pero en esta entrada quisiera concentrarme en lo que están pensando los señores.
J y N tienen en común que están tremendamente aburridos con la vida y se lo achacan a sus esposas. Les parecen cada vez más gordas, fofas, aburridas, repetitivas y sin tema. Mi primer impulso, al oírlos quejarse sin parar, es por supuesto prestarles un espejo. Ellos tampoco están muy atractivos que digamos. También repiten los mismos chistes, hacen los mismos comentarios de siempre y están en proceso de cultivar una barriga espantosa. Viven estresados porque la plata no alcanza, hablan demasiado de trabajo y sobre todo, sienten que la vida está en deuda con ellos. Y francamente, lo único menos sexy que un envidioso es un reparetas.

El punto es el siguiente: debido a que las parejas están esperando cada vez más y más tiempo para tener hijos, a los hombres se les están comenzando a mezclar dos etapas imposibles. La primera, la de cumplir cuarenta y enfrentar el hecho contundente de que uno ya no es joven bajo ningún estándar, y la segunda, la de ser papás de unos niñitos energéticos y a veces insoportables, que hacen que el primer proceso sea aún más difícil. Así, llegan al momento en el que los hombres solían comenzar a repensar sus vida, comprar una moto y dejarse la cola de caballo, en un contexto, en el que hay un bono de un colegio bilingüe que pagar y un chino al que hay que enseñarle a nadar. Y obviamente, las primeras culpables terminan siendo sus esposas simplemente porque son las que están más cerca y porque personifican ese grandísimo dilema. Ellas en realidad no tienen nada que ver con la situación particular del señor, aparte del hecho de que probablemente están pasando por las mismas. Al fin y al cabo, es más fácil echarle la culpa a la señora quien evidentemente ya no tiene el mismo trasero que tenía a los 20, que mirarse el propio ombligo y ver que los únicos culpables de sus infelices vidas son ellos.

El problema de fondo es precisamente la incapacidad masculina de examinar sus vida y reinventarse. Claramente hay mujeres que tampoco pueden hacerlo, pero son bastante menos que los hombres en la misma situación. Oigo más historias de mujeres de 40 están tomando clases de pole dancing, aprendiendo alemán y leyendo (y aplicando) el Kamasutra, que de hombres que estén haciendo algún esfuerzo por sorprender a sus mujeres. Así sea con unas pinches flores o un pequeñísimo cambio de rutina. Incluso, así sea sucumbiendo ante los lugares comunes del mid life crisis.

Sorprendentemente, son precisamente los señores que se quejan amargamente de sus señoras y de sus vidas repetitivas los no se dan cuenta de que sus trucos también se están poniendo viejos y sobre todo, de que esa señora que duerme al lado de ellos cuya cara parece borrarse de tanto verla, es lo mejor que van a conseguir.

Así este es un llamado para algunos señores de 40 (ustedes sabrán quienes son) para que se den cuenta de que ese aburrimiento sale de adentro. Si es necesario, cómprense esa Harley gigante y lobísima y los pantalones de cuero que combinan. Déjense la cola de caballo. Aprendan a cocinar. Tírense por parapente. Salgan del clóset. Hagan algo--no sé qué--pero vuélvanse a pensar. Por su salud mental, por la de sus señoras y por la mía, porque me aburrí de oírlos quejarse.

**F me pregunta que cuando voy a hablar de los de 30 y mi respuesta es fácil: pronto. En esta serie de entradas sobre las etapas de los hombres no va a quedar títere sin cabeza.
*Todos los que conocemos médicos íntimamente sabemos que los "turnos" son la mejor excusa para revolcarse con el novio o la novio o con el otro, para no dormir en la casa, para escaparse, etc.

domingo, febrero 13, 2011

Querido troll...

Llevo cinco años escribiendo en este blog. Llevo dos años escribiendo mensajitos de 140 caracteres en Twitter. A pesar de todas las advertencias de mi mamá y de mi marido (y más recientemente de @paulaarenascanal) sobre las posibles violaciones a mi intimidad, nunca había tenido problemas. De hecho, hice amigos blogueros y amigos twitteros.
Hace una semana, organizamos una brigada para recoger útiles para una fundación y un colegio. Éramos veinte desconocidos que logramos recoger más de 5000 cosas. Me he tomado cafés con twitteros que no conocía y he hecho amigos del alma. Gente valiosa e increíble.
He hablado de impuestos, de teoría de la firma y de doctorados con @pabloabitbol y con un esquivo twittero que cambia de nick todos los días, de música y de trabajar con el Estado con @guerrapau, de amigos en común de la vida real con @apelaez1, de postcolombianidad con @juglardelzipa, he jugado futbol con @apartamento202, he cuadrado montadas en bicicleta que no han tenido éxito con @asmodeo_, he coqueteado con @sisiforoca (y estoy convencida de que tiene 85 años) y con @retrechera (que es una chica), le he dado consejos del corazón a @felipe_londov y otros tantos me han dado consejos del corazón a mí. Y bueno, nunca he encontrado otra cosa que gente muy buena onda. Incluso, algún día @juglardelzipa escribió que podía confiar más en la gente que conocía en Twitter que la que conocía en la vida real y yo coincidí con él absolutamente.
Y bueno, creo que parte de la gracia de Twitter es que está basada en la transparencia. Cada uno pone lo que se le da la gana y cada uno lee lo que se le da la gana. Uno pone cosas de la vida real, cosas que quiere compartir, cosas que se inventó. Escribe cuenticos, comparte ideas, mama gallo, contribuye al debate, etc.
Sin embargo, hace un par de días una persona (de más de 1100 que leen las bobadas que escribo) me amargó para siempre mi vida 2,0. Yo, que a pesar de ser bastante racional, logré que este (o esta) troll me rallara para siempre. Lo bloquée. Le puse candado a mi cuenta. Se lo quité. Ahora quiero volvérselo a poner. Quise cerrar Twitter. Después quise contestarle pero decidí que lo mejor era no hacerlo. Borré todo lo que esa persona había retwitteado, quité todo lo que pudiera parecer medianamente personal, cualquier alusión a mi familia y todos los trinos sugestivos que había escrito. Y me amargó. Y me jodió. Y sobre todo, me dañó el juego.
Si su objetivo, querido troll, era intimidarme, lo logró. Muchas gracias.

Disclaimer: Querido troll, sí, efectivamente amo a Claude Ménard. Y no, Claude Ménard no es mi amante.


martes, enero 11, 2011

Cómo salir de un amante

La teoría dice que las relaciones entre amantes se acaban porque los pescan. Eso pasa en todas las películas románticas que se han producido en el mundo y en las historias que rondan por ahí. Sin embargo, siendo el secreto la clave de los amoríos ilícitos, supongo que uno no se entera de cómo terminan los amantes porque ni siquiera sabe que hay algo que terminar.Los amantes que nunca son pillados, también deben terminar sus relaciones de alguna manera.

Dice F., que cuando uno se enreda en una relación adúltera, lo primero que tiene claro es que tiene una fecha de vencimiento. No se sabe si durará como una bolsa de leche fresca o como una lata de sardinas de una ancheta navideña. La primera estará agria en una semana. Será evidente que la bolsa está podrida y habrá que botarla. La segunda puede durar hasta décadas en la alacena. Incluso puede sobrevivir un par de trasteos a la espera de que algún día haya un terremoto o de que alguien decida recibir una visita con sardinas en escabeche y en ambos casos, se darán cuenta de que la lata tiene de vencido lo mismo que de haberse graduado del colegio el hermano mayor.

En una época en la que no había tantas posibilidades de comunicación (y me imagino en los años 30 en Cartagena) comenzar una relación adúltera debía ser difícil, pero terminarla muy fácil. Los telegramas, las cartas e incluso el teléfono eran demasiado públicos para enviar un mensaje a un amante, pero el amorí0 podía acabarse de raíz incumpliendo una cita. También podía arrastrarse sin consumarse durante años, incluso después de su fin, con miradas cómplices en la misa del domingo y sin tener que cruzar palabra alguna. No sabría nada uno del otro, además de chismes eventuales provenientes de terceros.

Hoy en día la cosa es diferente: hay demasiados frentes que atacar. Si necesito a A (el esposo) puedo buscarlo a través del teléfono fijo, del celular, del correo electrónico (cuenta de la oficina o cuenta personal), Twitter, Facebook, mensaje de texto, chat de Blackberry, etc. Si uno tiene la mitad de estos frentes de comunicación con un amante y quiere borrarlo de la vida antes de que no sea solo uno el que se de cuenta de que la leche está podrida sino el edificio entero, tendría que cambiarse de planeta porque irse a la China no sería suficientemente lejos. Siempre estaría la tentación de leer qué escribió en su blog, dónde estuvo mirando sus fotos de Flickr, de mandarle un mensaje de texto, de llamarlo a la oficina una última vez. A esto, súmele las formas tradicionales de perseguir un amor como pasearse casualmente por su barrio buscando encuentros fortuitos y mandar flores anónimas.

Lo evidente sería por supuesto, no enredarse con un amante (y este sería mi consejo), pero si ya lo hizo, la clave es saber cuándo se acabó la cosa (o cuando debe acabarse) antes de que su vida se vuelva una novela mala y sea comidilla de baños turcos y pasillos. El problema es que los nuevos medios de comunicación hacen que sea más difícil darse cuenta de cuándo pasó la fecha de vencimiento de la relación y se puede caer en la trampa de tener una bolsa de lecha pasada en la alacena al lado de las sardinas y los duraznos en almíbar de la última Navidad del siglo pasado.

(Después de un par de mensajes perplejos por Facebook, Twitter y G-chat sobre esta entrada, hago un disclaimer: No, no tengo un amante. No, no estoy mal con A. No, no y no. Solo se trata de un ejercicio de recoger las experiencias de montones de amigos--que la mayoría han sido los cachoneados y no los autores de los cachos--sobre el tema. Y sí, es un ejercicio para ver si consigo trabajo en Cosmopolitan, dónde aparentemente pagan mejor que en las universidades. De paso aclaro que esta misma reflexión vale para ex novios, ex novias, ex maridos, ex esposas, etc.).

domingo, septiembre 19, 2010

Sobre el hecho de llamarse Cristina Vélez

Una pequeña pausa al tono de este blog para hacer una aclaración. Tengo una amiga que se llama igual a mí, que también es activa en el mundo 2,0 y que ha sido periodista en varios medios, incluyendo La Silla Vacía. Resulta que los homónimos es un fenómeno de todos los días en un país en el que en algún momento los nombres salían de los santorales y en el que Vélez es un apellido común. Yo por lo menos tengo la ventaja de que mi homónima no tiene un alias como "La Jabona" y que por el contrario, tiene un carrera de la que me siento orgullosa.

Para que no crean que estoy usurpando identidades aclaro lo siguiente. La tocaya es politóloga y ejercía como periodista, pero está haciendo una maestría en políticas públicas porque quiere meterse a trabajar en el Gobierno y tal vez, algún día lanzarse a hacer política decente. Yo soy historiadora y estoy haciendo un doctorado en administración porque estoy huyendo del sector público y tal vez quisiera algún día escribir sobre el tema, y tal vez hacerlo en un medio periodístico.

Somos amigas del alma desde el primer semestre de universidad (10 años hace) y en el mundo 1.0 nunca nos habían confundido porque somos diferentísimas. Cada cual con su sabrosura. Una foto para probarlo-la de su izquierda soy yo (Cristina Vélez Valencia) y la de la derecha, la tocaya (Cristina Vélez Vieira).

La que era la novia el día en el que tomamos esa foto (la de la mitad) solucionó el problema y siempre habla de Cristina Vélez Mona (esa soy yo) o Cristina Vélez Paisa (esa es la tocaya.)


¿Alguna pregunta?

martes, septiembre 07, 2010

La hija de Gaitán y los hijos de puta

Advertencia: lenguaje soez

El viernes conocí a Gloria Gaitán. La hija de Jorge Eliécer Gaitán.
En tres minutos de conversación nos tomamos 10 fotos y me explicó que todo el mundo era un hijueputa. Incluyendo a Herbert Braun, autor de Mataron a Gaitán, que a mi gusto, es un libro bastante apologético.
Según ella, Braun desdibujaba a Gaitán el hombre. Afirmó también que nadie hasta el momento había entendido realmente lo que había detrás de la figura de su padre y su poder discursivo.
Según ella, todos los que habían intentado hablar de lo que era Gaitán realmente, habían sido callados y no habían recibido sino portazos en la cara de todos los hijueputas que controlan la cultura en este país.
Según yo (y no se lo dije para que no me dijera hijueputa también) Gaitán fue muy importante, pero todo el rollo del Bogotazo no fue sobre él, fue sobre muchas personas. Fue sobre el Pueblo. Así, con mayúscula.
No sé si se trata de un sesgo de historiadora formada como cuasi socióloga en una escuela annalista, pero no importa que tan Gaitán sea, la historia no es de los personajes ni éstos son sus verdaderos protagonistas. Los héroes venden libros, pero las masas mueven las estructuras.

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A pesar de todo, quedé con ganas de volver a hablar con Gloria Gaitán, consciente de que va a destruir todo lo que represento y de que en su cabeza, estoy dentro de la categoría de los máximos hijos de puta.

viernes, junio 18, 2010

Competitividad y Fútbol

Estaba en proceso de construir un montón de gráficas relacionando diferentes variables para una presentación en Power Point y después de procastinar durante toda la mañana, logré concentrarme en algo específico durante casi dos horas: la relación entre la competitividad de los países, según el Foro Económico Mundial y sus equipos de fútbol, según la FIFA. La conclusión final: no hay ninguna relación entre el futbol y la competitividad de los países. Los países más baseados pueden ser campeones del Mundial.

Si aislamos los países que clasificaron al mundial de los otros, la gráfica se desordena aún más:



A excepeción de nueve países de una muestra de 124, ninguno está rankeado en el indicador de competitividad y en el de la FIFA con menos de 5 posiciones de diferencia. Los únicos países "ordenados" (con ubicaciones similares en ambos rankings) son los siguientes:

No se sorprendan si sus pollas salieron mal, en el fútbol se ve de todo.

Fuentes: Índice Global de Competitividad 2009, Foro Económico Mundial. Fifa, Ranking a mayo de 2010.

sábado, mayo 08, 2010

Sobre Mockus y el neoliberalismo

Hace unos días le hice un comentario fuerte a Luis Guillermo Vélez en su blog de La Silla Vacía. En pocas palabras, Vélez afirmaba que los seguidores de Mockus lo seguían de forma irracional y no se habían dado cuenta de que era neoliberal. Irracionalmente, me despeluqué y le contesté lo siguiente:

"Eso es lo que me gusta de Mockus. Lo prefiero a los asesores económicos de Santos--los principales defensores de la eliminación de los parafiscales, tema con el que también estoy de acuerdo--descolgando los estudios que habían hecho sobre los beneficios de trasladar esa sobretasa al empleo al IVA o a la renta, de la página de los Fedesarrollos y demás. También prefiero a alguien que quiera atacar la informalidad, en lugar de seguir alimentándola porque la salud gratis y los subsidios traen votos. Estoy de acuerdo, Mockus es neoliberal, pero eso es precisamente lo que me encanta."

Después de haberla publicado y de un comentario de El
Juglar del Zipa en el que calificaba mi comentario de “encantador”, con todo el sarcasmo que lo caracteriza, me di cuenta de que había sido un poco facha y que estaba dándole la razón a la entrada anterior del blog de Vélez, en el que decía que los seguidores de Mockus se parecían muchísimo a los del Tercer Reich. Por eso, decidí usar este espacio para aclararlo, por lo menos en mi conciencia.

Yo sí soy neoliberal. Tan horrible como suene, soy de las que todavía creo que en el mercado, en un aparato estatal pequeño y aunque suelo ser más pro regulación que un economista "freshwater" (remitirse a este
artículo de Krugman para los que no saben de qué estoy hablando), me desespera el uso irresponsable de los recursos públicos en aras de mantener los votos. Y sobre estaba hablando de dos cosas específicas.

Primero, creo que Colombia tiene un sistema de salud que funciona relativamente bien. Y si bien estoy consciente de que no es perfecto porque he sido víctima de primera mano de su ineficiencia, sé que está muy bien en comparación con los de otras partes del mundo y que a la larga, en el 98% de los casos, lo terminan tratando a uno. Así mismo, teóricamente, el sistema de contribuyentes/subsidiados tiene sentido. Sin embargo, está claro la cosa no ha funcionado como se pensó inicialmente, y el número de afiliados al régimen subsidiado desborda al número de afiliados al régimen contributivo.

Creo firmemente en que la salud debe ser un servicio universal y público. Aunque no siempre lo preste el Estado, éste debe regularlo y definir un sistema para que todos tengan acceso, incluyendo los que no pueden pagarlo. Sin embargo, esto no significa que sea gratis. El servicio hay que pagarlo de una forma u otra, bien sea a través de IVA, impuesto a la renta, o las contribuciones a la Seguridad Social de los colombianos. Los que pueden pagar tienen que hacerlo. Ya hay mecanismos para que los que tienen salarios variables y ganan menos del mínimo coticen por debajo, pero el problema es que hay que publicarlos y fomentarlos para que la gente lo haga, vea los beneficios de hacerlo y entienda que si no lo hace, el sistema se quiebra.

Segundo, Colombia cuenta con uno de los sistemas de focalización mejor jalados del mundo: el Sisbén. La base de datos del Sisbén tiene información detallada sobre la población más pobre y vulnerable del país para que los programas sociales del Estado sepan en dónde y a quiénes deben otorgarles sus servicios (léase subsidios, asistencia, o lo que sea). Sin embargo, muy pocas entidades utilizan el Sisbén como debe ser, a pesar de que les facilitaría el trabajo. Algunas por pereza y otras por estrategia, prefieren mantener algunos colados en sus listas para no asumir el costo político.

Yo creo que los subsidios y los programas de asistencia son clave para superar la pobreza extrema. De hecho, un estudio liderado por uno de los economistas jóvenes más brillantes que conozco, Roberto Angulo, muestra que el índice de pobreza de Colombia sería un poco más de 14 puntos más alto del actual si no fuera por los programas sociales existentes. Sin embargo, creo que una cosa es otorgar subsidios a las familias en pobreza extrema o en situación de vulnerabilidad y otra es que se le vaya la mano al Gobierno en la "generosidad".

Finalmente, sobre los parafiscales tengo otras dos cosas que decir. Primero, la mayoría de los parafiscales que se pagan en Colombia no se van a la financiación directa de los programas del ICBF y del SENA. La plata recaudada es mucho mayor a lo que están en capacidad de gastarse estas entidades, y el restante termina en TES. Esto es bueno para la política macroeconómica del país, pero malo para los argumentos pro parafiscales. Segundo, aunque todavía no estoy segura de si se deben o no eliminar los parafiscales ya que los argumentos de parte y parte todavía no me han terminado de convencer, sé que el defensor número uno de su eliminación hasta hace unos meses fue Mauricio Santamaría, otro economista brillante que ejerce como Director Adjunto de Fedesarrollo y ahora como asesor económico de la campaña de Juan Manuel Santos. Supongo que ahora que este tema es uno de los caballitos de batalla de la campaña de Santos en contra de Mockus, le habrá tocado a Santamaría desaparecer sus estudios, presentaciones, artículos y comentarios sobre el tema y conseguirse un esferito como el de Men In Black para borrarle la memoria a la gente. Afortunadamente a la mía no han llegado.

Finalmente, y volviendo al tema inicial, a pesar de que Luis Guillermo Vélez me gusta por provocador y pragmático, su entrada me despelucó. El
Juglar del Zipa no hubiera podido describir mi mal genio mejor diciendo algo como "claro como los seguidores de Mockus son mamertos y no entienden, no saben que es neoliberal". Si bien sé que Vélez nunca me va a leer, me gustaría decirle que muchos de los que vamos a votar por Mockus, o por lo menos yo, no somos mamertos, sabemos que Mockus no es mamerto y sobre todo, no somos idiotas. Además, quisiera que también supiera que tampoco es la primera vez que vamos a votar por él.

PD. Lo que me terminó de despelucar es ver que la metáfora del pastor báltico no se le había ocurrido a Vélez solito sino que lo sacó de
The Economist y no le dio crédito.

martes, marzo 23, 2010

Fertilidad, salud sexual y el siglo XXI

A y yo estamos casados hace cinco años. Los mismos años que tiene este blog. Hace un par de años, nos lanzamos en la aventura loca de tener un hijo. Lo pensamos muchísimo hasta un día en que dejamos de pensarlo tanto y juash: la pequeña A fue concebida.

Ambos somos profesionales, tenemos maestrías, ingresos estables, familias que nos apoyan, un proyecto de vida compartido, una niñera de miedo y a pesar de que la gente suele considerarnos como “buenos papás” la cruda verdad es que estamos absolutamente engalletados la mitad del tiempo. Las preocupaciones sobre la paternidad/maternidad solo se han complicado con el tiempo. Ya sabemos qué hacer cuando la niña tiene mocos, no hay necesidad de llamar a la pediatra, pero estamos en la etapa en que hay que comenzar a implementar disciplina en serio y los dos nos morimos del susto. Adoptamos el sistema “time out” que bautizamos como “tacho” porque los dos le tenemos fobia al spanglish excesivo, un poco por una postura más snob de los que salpican el español con inglés mal pronunciado (con ese comentario ya no tengo que explicar porque se trata de una postura extra snob.)

Tener un hijo es un camello. Es una maravilla, pero un camello.

Además, parafraseando las sabias palabras de mi mamá, en la vida todo se puede echara para atrás (ella diría: “Se puede voltear un camión lleno de huevos, no me voy a voltear yo que tengo dos”) excepto tener un hijo. Además de que apenas nacen uno entra directamente al mundo de los “papás” sin solución de continuidad y le cambia un chip en el cerebro que se acuerda de los domingos sin hacer nada y de las rumbas hasta que cantaran los pajaritos con nostalgia, lo más absoluto es que niños no se pueden devolver.

Hoy me enteré de unas cifras de salud pública que me dejaron absolutamente aterrada y me pusieron a pensar sobre la maternidad. Provenían de una experta salubristas. Si yo, que tengo la infraestructura supuestamente ideal para tener un bebé y soy considerada “fresca” por la gente a mi alrededor, me complico la vida, ¿qué pasa con las madres solteras de 15 años en la quinta loma de Ciudad Bolívar?

Según Profamilia, en 2008 hubo alrededor de 400,000 abortos ilegales en Colombia, mientras los casos de abortos avalados por la decisión de la corte, no llegaron a 10.

Así mismo, mientras ha habido una disminución importante en la fertilidad de las mujeres colombianas mayores de 18, acercándose a las tasas de los países europeos, la fertilidad de mujeres menores de 18 se ha triplicado en los últimos 15 años. Es decir, si una mujer llega a los 18 sin tener hijos, lo más probable es que cuando los vaya a tener, sea fruto de una decisión responsable y pensada. Si en cambio tienen un hijo antes de esa edad, entran en la peor trampa de pobreza que además afecta de peor manera a las mujeres. (Nota: mi fuente tenía cuatro whiskys encima, pero estoy segura de que los datos son bastante certeros, la desviación etílica no debe ser muy significativa).

En los cuatro años que llevo trabajando en temas de política pública, no he visto ni un Conpes sobre el tema: ¿Dónde hemos fallado? ¿Por qué ayudar a que las mujeres decidan de forma responsable sobre su fertilidad no es una prioridad?

Todavía existe esa angustia de Guerra Fría de que hablar de salud sexual es hablar de implementar métodos anticonceptivos a la fuerza a la población más pobre sin ni siquiera preguntarle o de meterse en un lío religioso de la Madonna.

Sin embargo, le tengo fe al siglo XXI y creo firmemente de que no sólo estamos listos para abordar el tema con seriedad, si no que es la hora de hacerlo. Si una mamá estrato 6 con todos los juguetes a veces se siente desprotegida (especialmente a la hora de balancear trabajo-familia) que pasa con una niña de Sisbén 1?

No se me ocurre ninguna solución en el momento, pero claramente es un problema que hay que atender. Con urgencia.

viernes, febrero 19, 2010

Angustia política: jóvenes, debates y delirios

Yo debería irme a vivir a Suecia en época de elecciones. O a Bélgica, mi alter patria que puede vivir seis meses sin que se defina quién es el primer ministro y no pase nada (hasta que se descarrila un tren y ahí sí se arma Troya).
La política me genera un ambivalencia terrible. Me atrae, pero la detesto. Me gusta, pero me repele. Me da angustia y me da risa. Me parece bonita y me parece un adefesio. Todo al tiempo o por pedazos dependiendo del día.
Estas elecciones, por ejemplo, decidí coleccionar los volantes que me dan en la calle. Bajo el riesgo de que me boten por hacer proselitismo político, tengo el panfleto de José Galat en mi escritorio. Me encanta porque parece sacado de Popular de Lujo y de un manual para señoritas del siglo XIX, como éste. Tengo muchos otros, del Mira, de Mapi Velasco, de Clara Rojas, de Roy Barreras, de un par de goditos y de otros del Polo. Me falta del de Nerú, el de Aura Cristina y me muero por tener uno de Piedad. Los voy a poner en un álbum para la posteridad. Incluso, cargo unos de Isabel Londoño en mi maleta para entregarle a las personas que no saben por quién votar a la Cámara (eso sí es en serio, en verdad me encantan sus propuestas y lo confieso, soy feminista y de las mamonas).
En Twitter estoy siguiendo a algunos candidatos y me han bombardeado por Facebook los candidatos jóvenes.
No me he perdido ni un debate y de hecho, ayudé a construir el fondo de un debate con candidatos a la Cámara sobre regalías en Votebien. Así mismo, he seguido LaSillaVacía religiosamente, y los blogs sobre el tema con aún más fervor. Y por supuesto, ayer estuve pegada a la pantalla de mi computador viendo el debate de los candidatos jóvenes al Congreso.
Ahora sí entrando en materia, este debate alimentó tanto mi angustia electoral, que quería compartir mis impresiones. Advierto desde antes, que como todo en la vida, son tendenciosas y sesgadas. Por eso precisamente son MIS impresiones.
Había cinco candidatos. Dos liberales, Camilo de Guzmán y Simón Gaviria; uno de la U, Jorge Enrique Gómez; una de Cambio Radical, Lina Valenzuela y uno de Movimiento Social Indígena que estaba representando a Fajardo que no me acuerdo cómo se llama.
Por lo general, los candidatos jóvenes gustan porque son sinónimo de pureza e inocencia, como una especie de ninfas impúberes, cuando hay varios candidatos que a unos tiernos 25 años ya han cambiado de partido un par de veces, participado en torcidos, comprado líderes, etc. Sin embargo, éstos parecen ser de los "buenos".
Hubo tres cosas que me llamaron la atención del debate.
Uno, cuatro de los cinco candidatos, es decir, los cuatro de los que me acuerdo el nombre, son de colegios bilingües de élite de Bogotá. Sin que eso sea algo determinante, sí me pareció interesante que todos hayan (hayamos) jugado juntos partidos en la Uncoli. Y no de cualquier miembro de la Uncoli, sino de la crema de la crema de la Uncoli. Vaya diversidad.
Dos, las mujeres estábamos subrepresentadas y no sólo en número sino en calidad. Lina tiene las mejores intenciones, pero no tenía ni idea de lo que estaba haciendo: ¿Incentivos tributarios para las madres cabeza de familia? ¿Qué es eso? Si todas las madres solteras declararan renta, no habría ningún problema social: ellas estarían mandando en el Congreso desde hace rato.
Tres, la preparación se notan. Al margen de la edad (los candidatos oscilaban entre los 27 y los 34), a los que mejor le fue fue a los mejor preparados y no solo por la cancha sino por el tiempo que le dedicaron a armar su discurso. Lo primero que tiene que hacer un candidato es aprenderse un discurso de un minuto explicando porqué la gente tiene que votar por él o ella. Eso lo enseñan en Política 101 y se llama el discurso del ascensor.
Camilo de Guzmán fue el rey en este aspecto. 59 segundos y lo había dicho todo. Claro, contundente y convincente. Simón Gaviria se concentró en lo que ya había logrado. Muy bien, se nota que tiene cancha. El de la U casi se muere de un paro cardiaco de la emoción. No entendí nada porque estaba preocupada porque se iba a caer de la silla. Lina Valenzuela usó solo 15 segundos y dijo poco dejando mucho que desear: "Voy a apoyar a las madres solteras porque necesitan mucho apoyo."
La cereza del helado fue candidato del MSI que en un minuto no solo logró que se me olvidara su nombre para siempre sino que le hizo perder varios votos a Fajardo, comenzando por el mío. "Yo no estoy en un movimiento político ni en un partido, estoy en un proyecto personal en torno al doctor Sergio Fajardo. Él es el que va a recobrar la moral, la ética y la seguridad urbana y la confianza." Dijo además que le había parecido excelente conocer otros jóvenes candidatos y que le habían hecho pensar en que los partidos no eran tan malos después de todo, aunque su proyecto era apoyar a Fajardo.
Quedé en pánico. ¿Cómo así que se trata de un proyecto "personal"? ¿Qué pasa con las instituciones? ¿No han visto lo que pasa con los proyectos en torno a una persona? ¿Será que son los únicos que necesitan cuatro años más para saber que lo que le hace falta a este país son instituciones y partidos sólidos y no un Mesías? No sé si Fajardo sea efectivamente un Uribe de blue jeans pero sus áulicos definitivamente lo ven de esa forma.
La conclusión final es que seguiré buscándole el lado amable a las campañas, seguiré tomando gotas de pasiflora del Dr. Bach para sobrevivir estos meses y que en la política, definitivamente los prefiero mayorcitos, aunque me encantaría volver a ver a Gaviria en la Cámara y ver a de Guzmán estrenándose.

viernes, enero 22, 2010

El Hogar Otto


A un par de cuadras del centro internacional, cuna de banqueros y tecnócratas, precisamente en la Caracas con 25, queda el Hogar Otto.
En la foto no se ve bien, pero se trata de un parqueadero/hotel/estadero para indigentes. Por la puerta semiabierta se alcanzan a ver carritos de mercado remendado llenos de los tesoros de cada uno de los suertudos que alcanzaron a conseguir los 2000 pesos que cuesta el día. Los que tuvieron más suerte, pagaron 2500 y se quedaron en "Playa Alta".
2.000*30=60.000 al mes. Un poco más del 11% del salario mínimo.
Aquí no hay economías de escala.

lunes, enero 18, 2010

Zanahorias disfrazadas de garrotes

La teoría de juegos es una de las áreas de la economía que más me seducen. Poco entiendo de las complejas matemáticas detrás de los cálculos que hacen los economistas, pero las conclusiones me encantan.
En parte, porque me da risa que tengan que correr un modelo econométrico complejísimo para llegar a las mismas conclusiones a las que llegaría un científico social basado en cualquier sociólogo clásico. Incluso, a las que llegarían cinco señoras en sus sesiones de costurero de los martes basado en los consejos de sus madres, de los que le dan a sus hijas y salpicados por el último libro que encontraron en la caja del supermercado.
Y en parte, porque me sorprende que estos complejos modelos prueben esas sencillas observaciones empíricas sobre el comportamiento humano.
Por eso, quería compartir este artículo de The Economist sobre un estudio realizado por economistas de renombre en una fábrica china. Aparentemente, a la hora de motivar a los trabajadores, sirven más las zanahorias disfrazadas de garrote, que las zanahorias solas. La idea de perder algo que ya se tiene genera compromisos más poderosos que la de ganar algo adicional. Este principio es bastante relevante para nuestro día a día a la hora de reprimir, motivar, convencer o vender. Incluso se aplica a las campañas políticas, un tip para los que andan encampañados...¿qué están ofreciendo que puedan disfrazar de garrote?
Por mi parte, en mi tarea de madre y responsable de la educación de A.ita, prefiero ser de las ingenuas confiadas que dañan todos los experimentos de teoría de juegos. Yo ilusamente voto siempre por el bien común y me quedo con la mitad de la nota, pero espero que mi hija haga lo mismo. Mis observaciones empíricas me han demostrado que sumando los restos que me quedan de haber tomado decisiones ingenuas pero orientadas al bien común, tengo más en tranquilidad y serenidad (perdonarán la nota cursi) que los que optan por el camino fácil y egoísta. No estoy diciendo que mi motivación para hacerlo sea altruista. Lejos de eso, se trata de algo bastante egoísta. Bourdieu diría que esa es mi forma de buscar reconocimiento de los demás y reforzar mi existencia. A la larga, me la estoy jugando por mi propio bienestar.
Habrá que correr un modelo para ver si eso también se puede probar con números.

jueves, enero 14, 2010

Otra reflexión sobre Haití

Están organizando en mi oficina una recolecta de drogas, no perecederos, kits de aseo y otros insumos necesarios para los haitanos en este momento. Es más fácil donar cosas que 100 dólares a través de Internet. Estoy viendo que el problema tiene poco que ver con el valor y mucho con la materialización del acto.
Los mismos 100 dólares de Habitat for Humanity en medicamentos para el dolor que uno compró, cargó, llevó y envió, parecen tener más sentido.

Les recomiendo este blog sobre el tema: http://blog.ted.com/2010/01/the_haiti_trage.php
Dicen con claridad cuáles son las cosas que se necesitan realmente. ¿Alguién tiene un helicóptero que les sobre para prestar?
Está página también es clave: http://Haiti.Ushahidi.com/

Alguién tiene que decirle al Presidente que según los expertos lo único que NO se necesita en Haiti en este momento es gente que no sea socorrista, profesional de la salud, o que pueda ayudar de verdad. Que por favor se quede en Colombia.

miércoles, enero 13, 2010

Haiti e Ian McEwan

Estoy aterrada con la situación de Haiti. Es absolutamente escalofriante. Además, me siento tremendamente impotente. He estado monitoreando las noticias, las páginas web, los blogs y lo demás que he encontrado sobre el tema como si estar enterada sirviera para mejorar la situación. Incluso le escribí a M. que trabaja en una aerolínea gringa que vuela a todo el Caribe, para organizaran una campaña de donación de drogas y no perecederos y los enviaran a Port au Prince. Obviamente ya lo estaban haciendo.

Sin embargo, tengo que hacer una confesión que hacer: no he sido capaz de donar a las organizaciones que están pidiendo recursos para atender la situación. Habitat for Humanity tiene una página en la que uno puede donar en 10 minutos. Sin embargo, la parte de “Amount in dollars” me paraliza. ¿Cuánto puedo donar? ¿100 dólares? ¿200 dólares? ¿20 dólares? ¿Y las fundaciones colombianas? ¿No debería donar algo más bien para los de acá, así estén menos peor? ¿Y la cuenta del agua, el colegio de A., los zapatas que vi en descuento? Es un conflicto moral como el de los personajes de Ian McEwan: “Estoy preocupada, pero no hago nada. Al fin y al cabo yo estoy viva y los míos están bien. Debería hacer algo, pero al fin y al cabo mi plata no aporta tanto, no puedo donar mucho y además seguro se lo robarán. Pero que situación tan horrible. Y las caras de desesperación de esa gente.” El botón de “Donate now” saca la pequeña mezquina que hay en mí.

Uno podría buscar una explicación racional basada en las historias de horror sobre la corrupción en organizaciones sin ánimo de lucro y humanitarias. Y con el hecho de que a veces me caen mal las personas con actitud “holier than thou” que trabajan en los Peace Corps, o son Médicos sin Fronteras.

Sin embargo, esta mañana compré dos tiquetes para ir a Cartagena en línea y no debe ser tan difícil poner los números de la tarjeta de crédito y espichar “submit” para Habitat for Humanity (tienen cara de ser los más serios). ¿100 dólares será suficiente para amortiguar mi complejo de culpa y luchar contra el personaje de McEwan que tengo adentro?

miércoles, agosto 19, 2009

Refrescante: el papá de los blogs

http://krugman.blogs.nytimes.com/
Según mi hermano P., que ha visto a Krugman en varias conferencias, es mucho mejor leerlo que oirlo. Yo no pude llegar a la conferencia que dio esta mañana en el Tequendama--a pesar de tener escarapela, invitación y ganas--así que no podría confirmar su afirmación, pero puedo asegurar que es uno de los mejores blogs que he leído (aquí lo tacharía como tacha él) y pondría al lado: el mejor.  Al lado del de Gladwell.
Gente inteligente con sentido del humor. Refrescante.

lunes, agosto 17, 2009

De obviedades

Creo que me gustaba más mi blog cuando era relativamente anónimo y podía ser una versión un poco más sofisticada de “mi querido diario”, si eso fuera posible. Escribir sobre temas serios me jodió.

Ahora, cuando la vara está puesta un poco más alta, y se espera que escriba cosas relativamente interesantes, no tengo nada que decir. Mi vida está copada minuto a minuto por una y otra obligación y no he tenido tiempo de respirar. Tengo contabilizado el tiempo que puedo perder. A duras penas he escrito un par de ideas en un libreta roja que cargo en la cartera. La libreta es más bonita que útil: roja, marca moleskine que me trajo A. de un viaje de trabajo.

Para seguir añadiendo a la lista de quejas, las iniciales-que pretendían mantener el anonimato de las personas sobre las que escribía tienen poco sentido. A. es A. y la nueva A., pues la nueva A. De ahí en adelante todos tienen nombre y apellido. Y hasta contexto. Horrible.

A., el primero, está viendo una de esas películas gringas en las que dicen fuck, fucking y todas las posibles conjugaciones de to fuck por lo menos diez veces por minuto. El protagonista es el novio de Juno, de Juno, pero eso no salva la peli de las obviedades. Todo indica que al final el nerd se come a la mona. La nueva A. se durmió hace poco después de haber estado absolutamente insoportable todo el día. Desde las seis de la mañana. Parece que son los dientes. Y yo, estoy tratando de trabajar—lunes festivo por la noche—porque estoy atrasadísima en todas las cosas que tengo que hacer. En medio de mi cansancio delirioso lo único que se me ocurre es que voy a terminar como una de esas mamás de película gringa en la que sale un psicólogo como Dr. Phil que parecen las reinas del suburbio pero toman vodka en vez de agua embotellada y se roban la ritalina de sus hijos.

Por ahora, voy a tomarme otro café a ver que pasa. Mañana será otro día, a la expectativa de que hoy acabe temprano.

jueves, julio 02, 2009

...y así se ve el mundo en Guainía según J, el jefe (3)

"... y nos quedamos sin noche romántica, eso sí, la Cruz del Sur seguía colgada vertical en el horizonte, ni una gota de ron o aguardiente o mambe o lo que fuera porque todo lo hubiera valido, en cambio una medioaguapanela sin queso la cual casi toda me la bebí yo, con una carpa en el corredor en lugar pero no en el lugar de la Maloca orientada en el sentido de la Vía Láctea, con un sánduche de atún y mayonesa Fruco (acaso era Comapán) cuando esperábamos el caldo de pescado, espesado con yuca y ají en polvo más picante que cualquier chile mexicano que haya probado, un colchón solitario en forma de camello que me levantó a la madrugada suplantando el testimonio de los vaivenes de encuentros fortuitos de una hamaca con toldillo que se guindaba como lo pudiese haber hecho Richard Evans Schultes, unos indios que esperaban a que nos fuéramos para volver a su cotidianidad y unas indias que se embadurnaban de bloqueador solar tres o cuatro veces al día -yo, por factura de los años, me sumaba a ese ritual de la mañana (patético), y en la popa de nuestro Calypso, yo entre mangueras y bidones de combustible me elevaba como Remedios, la Bella, hasta donde no llegan ni los más altos pájaros de la memoria.

Pero allí estábamos tratando de apropiarnos de un mundo que nunca nos pertenecerá por mas competitividad que se le meta."

miércoles, julio 01, 2009

Así se ve el mundo en Guainía (2)

Hace unas semanas estuve en Puerto Inirida en tal vez la empresa más absurda que he emprendido en mi vida: la instalación de la Comisión Regional de Competitividad de Guainía, la última que faltaba para completar todos los departamentos.  32 monas en el álbum.

Le dedicamos mucho tiempo a planear una presentación que fuera relevante para la situación del departamento. Sabíamos que hablar de un documento Conpes de Competitividad, de sectores de clase mundial e incluso de formalización, no tenía ningún sentido. Decidimos hablar del desarrollo empresarial responsable, de la importancia de aprovechar las condiciones particulares del departamento, de proteger el ambiente y ofrecerles nuestro apoyo incondicional para elaborar planes de negocio atractivos para inversionistas. Con proyecciones, p y g y todo el cuento. Hasta estudios de mercado.  La presentación, por supuesto, la hicimos en Power Point.

Como los vuelos a Puerto Inírida salen cada tres días, tuvimos que viajar el domingo a primera hora para poder ir a la instalación el martes. Además, le habíamos dedicado mucho tiempo a pensar en cómo participan los indígenas de esta historia y sentíamos que habíamos hecho un buen trabajo. 

Sin embargo, en los días antes de la instalación, en los que tuvimos la oportunidad de navegar por los ríos de la estrella fluvial de Humboldt, visitar los caseríos ribereños, pasar la frontera con Venezuela, quedarnos en El Remanso con una comunidad puinave y conocer los cerros de Mavecure, nos fuimos dando cuenta de lo equivocada que era la ilusión de pertinencia de nuestra presentación.

Primer alerta: Llegamos a Puerto Indírida y nos estaba esperando una chalupa en el puerto sobre el río. El puerto, que fue el primer tropiezo con la realidad, tenía espacio para que atracaran dos embarcaciones. Las embarcaciones, que podían ser voladoras o chalupas, dependiendo del tamaño del motor, eran cascaron de lancha con un techo hechizo y dos motores. Las más bonitas, que usaban los indígenas (90% de la población, segunda alerta), eran de grandes troncos de ceiba talladas.

Nuestro guía, era el dueño del hotel, secretario de la próxima a instalarse Comisión, amigo del gobernador, visionario del turismo en el departamento y el ingeniero más prestante de Inírida. Todo a la vez (tercera alerta). Como era de esperarse era de Bogotá, blanco, y había llegado al Guainía un poco por descarte y un poco por seguir los pasos soñadores de sus padres que se habían instalada allí hace mucho tiempo. En la tienda de su hotel, vendían chocolates americanos, cervezas, gaseosas y revistas de actualidad (con dos meses de atraso, pero Cosmopolitan, Soho, Playboy y Maxim’s de todas formas).  En la de enfrente, vendían frutas, hamburguesas y perros. Sin embargo, en la mayoría de las tiendas, a pesar de su vivacidad, se conseguían productos de tercera con etiquetas similares a las de los productos de marca. Yo compré shampoo de manzanilla Jennyjol & Jennyjol y rinse Suedal, hechos en Neiva.

Al final del primer día de nuestro espectacular viaje, que incluyó una parada en Venezuela a tomar cerveza Polar, la original pola, y un chapuzón en el río Atabapo antes de su desembocadura en el río Guaviare, llegamos a El Remanso, sobre el río Inírida. Mi jefe, J., que había trabajado a finales de los 80’s en un programa de saneamiento básico con las comunidades indígenas del Putumayo y Vaupés, tenía una idea romántica de lo que iba a ser nuestra noche con los puinaves. Él estaba soñando con una noche veinteañera en una maloka, condimentada con mambecito, el cigarrillo húmedo que todavía le quedaba en el fondo morral y con las historias del capitán (recuerdos bastante fuera de lugar para un graduado de MBA, ex consultor y experto en competitividad).

Cuando llegamos, la comunidad estaba preparándose para un encuentro evangélico en Puerto Inírida al que iban a asistir todos las comunidades indígenas del Inírida, del Guaviare y del Atabapo. Tenían conectada la planta eléctrica porque unas niñas estaban ensayando la canción, que parecía sacada del CD de la Tigresa del Oriente, que iban a presentar en el encuentro. Todo esto se hacía en la capilla, centro de reunión de la comunidad, que queda justo al lado de la sala de computadores. Doña Gloria, la señora que limpiaba la escuela, no nos quiso vender una piña a pesar de que le rogamos por horas. ¿De qué servían 15,000 pesos si se quedaban sin provisiones para el viaje al encuentro? (quinta alerta)

El segundo día fue absolutamente idílico. Sustuvimos conversaciones de pseudointelectuales blancos con ínfulas de exploradores durante la caminata a la punta del cerro y todo fue exactamente lo que nos estábamos esperando. Vi un par de orquídeas que no conocía, recogí semillas de un sietecueros blanco y de uno amarillo para mi amigo E. y nos bañamos otra vez en el río en una playita que no tenía nada que envidiarle a Aruba.

En el tercer día vivimos la sumatoria de las cinco alertas sentadas en un quiosco a las afueras de la gobernación. Llegamos con nuestra memoria USB a la reunión, con el portátil cargado, listos para preparar la presentación que haría J. Primera sorpresa, no había video beam. Comenzamos a hablar y segunda sorpresa, el único empresario presente era nuestro guía que estaba representando al sector turístico, a la construcción y al comercio, todo en uno. Tercera sorpresa, el Gobernador, un señor absolutamente adorado, estaba totalmente enredado con líos políticos, investigado hasta las orejas y con un apoyo limitado debido a la polarización partidista. Cuarta sorpresa, la reunión duró más de tres horas y las quejas de la comunidad sumaron una lista interminable de agrabios.

El resultado: nuestra presentación interactiva y aparentemente aterrizada a la realidad del departamento quedó guardada en algún archivo cibernético en los servidores del Estado, ya que era la prueba del trabajo que habíamos ido ir a hacer a esas lejanas tierras y, nuestro discurso, “Colombia será un país de ingresos medios altos en el 2032 gracias a la promoción de la competitividad” se hizo añicos ante la realidad de un olvidado departamento del sureste colombiano, donde según afirmó uno de los asistentes a la instalación, “no hay ni contrabando.”

Lo más sorprendente es que todo nos haya sorprendido.

Así se ve el mundo en Guainía (1)

(Fotos del viaje a Guainía. El lugar es tan bonito, que las fotos las tomé con una cámara digital de tercera y así saileron.)


miércoles, junio 17, 2009

La vida contabilizada

Una de mis amigas más cercanas, D, me acusó hace poco de ser una “overachiever” (no encontré ninguna traducción aceptable en español y por eso se fue en inglés). A pesar de que lo dijo con mucho cariño, y de que claramente no era una acusación sino un piropo extraño, no se dio cuenta de la angustia que me generó este comentario. Lo único que me provocó fue salir corriendo a otro país que quedara tan lejos que lo que yo había hecho en la vida y lo que había dejado de hacer no significara nada.  

Contabilicé 1909 cosas relevantes en mi vida: 27 años, 172 centímetros de estatura, 1 amor, 4 años de matrimonio, 1 hija de 9 meses, 1 carrera, 1 maestría, 1 tesis guardada en un cajón con 136 páginas (incluyendo anexos), 1 artículo publicado en 1 libro del que salieron 800 ejemplares (que no leerá nadie), 5 kilos de peso que quisiera perder,  12 sueldos al año, 5 años de experiencia profesional, 15 matas de orquídeas en 1 balcón,  1 blog con 53 entradas y casi 4 años al aire, 20 árboles sembrados, 17 cicatrices que se ven, 5 libros en mi mesa de noche que no he terminado, 2 hermanos, 3 cuñados, 21 primos, 1 puerta roja, 13 pares de zapatos en el closet, más o menos 7 amigos del alma, unos 40 cercanos y 482 contactos en Facebook, sólo 45 en Asmallworld.

De ese total tengo que restar por supuesto el tiempo en que pienso en las cosas que no hice, 732 horas; en el que me arrepiento de las cosas que hice, 67 horas;  los kilómetros que me faltan por recorrer 1,000,000; las luchas que tendré que dar, las canas que me faltan por salir, lo que no ha salido bien y las 10,999 cosas que no se me han ocurrido más las 10 billones que nunca se me ocurrirán, para un saldo evidentemente negativo.

La conclusión de este estúpido listado, que parece un poema de agenda—y de los malos—es que cada vida se mide desde su propia perspectiva. No significa nada. Probablemente, la acusación de D venía más de sus propias angustias  que de la percepción real sobre mi vida. Lo único que tendría que decirle es que dentro de mis cuentas están las miles de veces en las que pensé que tal vez debí hacer las cosas de otra manera y el terror de estar perdiendo el tiempo en cosas que realmente no importan.