lunes, marzo 27, 2006

"Vecina, ¿ya supo?"

Por primera vez en mi vida estoy viviendo en un conjunto residencial. Me tiene fascinada el cuento del interior, la torre, el apartamento y el hecho de tener, no uno, sino ocho porteros con cara de bonachones que se pasean por todo el edificio y me llaman la atención con toda la amabilidad del mundo cuando dejo la puerta de la casa abierta (en la casa de mis papás, la puerta SIEMPRE está abierta, vieja costumbre). En mi edificio llevaron el concepto de colectividad y zonas comunes a su máximo esplendor: hay salón de juegos, parque para niños, gimnasio, sauna, billar y hasta squash, todo con reglamentos específicos diseñados para cada situación. Creo que es el único lugar del mundo donde hay que reservar el salón comunal porque la gente efectivamente usa el salón comunal.

Hay 9 ascensores, uno para cada torre y en todos los ascensores cuelgan un papelito con el nombre de todas las personas que no han pagado la administración. Ya sé, por ejemplo, que mi vecina de al lado, que es una viejita muy querida y que se queja porque "la gente del edificio ya no es lo que era antes" debe tanta plata que entró en "proceso jurídico". Además, hacen fiestas de Halloween, novena para niños, novena para adultos y ofrecen cosas en la cartelera (perrito busca hogar, clases de pintura country, se busca parqueadero sin servidumbre…).
El viernes pasado salí de la oficina en un desencanto total y con la apatía en el máximo nivel fruto de una jefe medio loca y una semana de tres pesos y me monté en el ascensor con computador, una maleta llena de papeles, otra maleta con las cosas del gimnasio y la cartera, a morirme en una esquina mientras llegaba al piso 17 (vivo en el piso 17 y el ascensor es lento, así que siempre tengo un tiempito para maldecir en silencio o para morirme del cansancio mientras llego a la casa).

Conmigo iba una señora cuarentona de sudadera rosada con un caniche con moñito alzado. Durante los primeros 5 pisos me miró con una sonrisita que le devolví a medias. Durante los segundos 3 pisos, la mirada se volvió cómplice y me tocó interesarme. Cuando íbamos en el 10, se atrevió a hablarme y me dijo "Vecina, ¿ya supo?". Yo me emocioné un poquito con que me hubiera dicho “vecina” porque me sentí en una serie familiar nacional de finales de los 90's y le pregunté con genuina curiosidad que qué había pasado. Durante los últimos 7 pisos, porque ella también vive en el 17 aunque no es la que debe plata, me contó la terrible tragedia de la señora del 1004 que se suicidó botándose por la ventana de su apartamento en el décimo piso.

La historia era absolutamente macabra, impresionante y digna de El Espacio, pero yo llegue a contarle a A. que me habían dicho “vecina” en el ascensor. Él me dijo que yo era la propia niñita estrato 8 que era tan ridícula, que le parecía romántico vivir en Pablo VI. A. tenía algo de razón, aunque nunca se lo voy a confesar. Cuando me preguntó que qué me había dicho la "vecina", y que porqué estaba emocionada, le dije indignada que nada había pasado, y con una voz baja subiendo los hombros, le conté sin darle gran importancia que la del piso diez de la torre central, se había botado por la ventana, pero que no era nada.

6 comentarios:

Ned Ludd dijo...

Me tomo unos segundo para reflexionar y no encuentro historias vecinales divertidas. El edificio donde vivo tendrá unos cuarenta años y si bien la demora del ascensor pareciera ser el escenario perfecto para entablar conversaciones dignas del Chavo del Ocho (de la planta baja al octavo piso donde queda mi apartamento he llegado a cronometrar, sin escalas para que suban o bajen vecinos, una demora de alrededor de cuarenta y cinco segundos) en realidad no lo ha sido. Lo más emocionante que he vivido en el edificio fue una ruptura de un tubo interno justo en mi domicilio. Era de esperar: para reparar el susodicho problema no hubo tardanza alguna, mientras que la terminación de la obra, o sea el resanar y pintar la pared, hasta ahora no se ha efectuado. Lo divertido del cuento es que decidí no hacerme mala sangre con los incumplidos y le asigné al muro la categoría de ‘libre artística’. En términos menos ostentosos se trata de un espacio donde cualquier visitante puede dibujar, pintar, escribir o hacer lo que le dé la gana.

Una segunda reflexión me lleva a pensar que lo único que por estos días podría superar la ruptura del caño es la lucha encarnizada entre arrendadores y arrendatarios que se ha extendido a todos los rincones de la ciudad. La inflación hace de las suyas y la gente se enloquece, con razón y sin razón. Hoy hablé con la mía, con mi arrendadora, ¡y está pensando en subirme el alquiler en un 63 por ciento! Es cierto que el barrio es lindo, que vivo cerca del Monumental, que tengo a mi alcance todo lo que necesito sin necesidad de cruzar una calle, que a menos de tres cuadras a la redonda tengo una estación de metro, una de tren y unas veinte de colectivos, ¡pero 63 por ciento! Así que tuve dos minutos de alegría en mi retorno final a la ciudad sólo para desembocar en un estado de desasosiego, pues no estoy dispuesto a un alza tan alta y el contrato vence en menos de dos semanas. Así que, tal vez, tenga que hacer una nueva mudanza, tenga que sufrir un nuevo trasteo (con la previa búsqueda de casa). Lo bueno es que quizás encuentre nuevas aventuras de condominio, nuevo trato vecinal y quien dice que no, tal vez en un nuevo barrio llegue a ser llamado ‘vecino’.

Ned Ludd dijo...

(Soy yo, Iván, desde Buenos Aires)

el_Dani dijo...

Acá nadie dice vecino. Hay dos ascensores en mi torre y la gente tiene la mala costumbre de tomar el otro si ven que alguien se sube en uno.
Creo que son unos acomplejados, ni siquiera maleducados, no, le tienen miedo a la gente.
Pablo VI me gusta.
Saludos!

Patton dijo...

Esa vaina de vivir en casa grande toda la vida con prácticamente cero contacto con vecinos me ha hecho crecer de tal forma que no sé como reaccionaré cuando tenga algún día (Dios me libre) de tener que convivir, cual reality ... con vecinos conversadores. Pero el diablo es puerco, y me hará tragar mis palabras ... triplicadas ... yo me lo conozco.

la pequeña padawan dijo...

entiendo su emoción, como vivo en un edificio de estudiantes en constante rotación, aprovechaba cuando iba a donde mi ex (que vivía en un barrio-barrio, con señoras paseando los niños y señores paseando los perros y pelaos jugando básquet y todo) para hacer cuanto mandado se me ocurriera, por el simple placer de que el señor de la tienda me dijera "vecina" y me diera ñapa.

Cristina Vélez Vieira dijo...

Mi edificio es viejo, y la mayoría de los "vecinos" ya llegaron a la tercera edad. Me los encuentro en las esquinas de los corredores, mientras corro con mil papeles y bolsas. Me los topo cuando abro la puerta del viejo asensor (que le falta aceite) y varias veces he estado por tumbar a uno o a varios de ellos. Pues, extrañamente siempre andan en manada.

Hoy digamos cortaron el agua, pues en el 303 sí tuvieron plata para cambiar las roidas tuberías. Yo salí con champú en el pelo a reclamarle al portero y adivinen... me encontré un viejito... que me miro con ojos inquisidore por mi pinta.